Sin duda alguna, el concepto “Sociedad del conocimiento” es tópico obligado para quienes nos encontramos inmersos en las actividades relacionadas con el ámbito educativo, y más aún para quienes aspiramos a convertirnos en investigadores y agentes de cambio de esta sociedad que en su dinámica ofrece desafíos cada vez más complejos y exige, del mismo modo, un análisis efectivo de sus requerimientos y peculiaridades, que en su mayoría carecen de un similar histórico en mayor parte gracias a la acelerada irrupción y masificación de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), que hoy como nunca antes, determinan este nuevo modelo de sociedad en la que el recurso más valioso es el conocimiento y la capacidad de los individuos de aprender a lo largo de toda su vida (Krüger, 2006). Este concepto convierte a la educación entonces, en protagonista y responsable moral del desarrollo de los individuos, de las consecuencias sociales y económicas de éste, y de las intervenciones acertadas o no del ser humano en su entorno ecológico.
Ante este panorama, el capital intangible en el que se convierte el conocimiento (Krüger, 2006) conlleva el riesgo de convertirse en mercancía o estrategia mercadológica ofreciendo una indiscriminada integración de las TIC a la educación sin ningún análisis o fundamento de pertinencia, o dejando de lado principios fundamentales en la educación como la planeación de procesos, establecimiento de objetivos de aprendizaje, necesidades sociales, entorno ecológico, etc. (Rodríguez Rojas, 2003).
Es un hecho innegable que las TIC han originado una revolución comunicativa en la que su espacio y su tiempo no son compatibles con los del desarrollo y evolución del pensamiento filosófico y el campo de la investigación académica, pero esta convulsión representa también un área de oportunidad para la nueva escuela en la cual el espacio físico, el tiempo y las diferencias culturales no representan ya una dificultad. Hoy las TIC representan un medio para definir y lograr las competencias que requiere el ciudadano de la sociedad del conocimiento. La tecnología puede contribuir de una forma importante a la descentralización de las formas de aprendizaje y a la construcción del conocimiento (Gros, 2006), y debe orientarse a ser una herramienta que disminuya la brecha digital y coadyuve a eliminar nuevos tipos de discriminación derivados del analfabetismo digital, para generar nuevos ambientes de aprendizaje por medio de la participación activa y contextualizada de los estudiantes.
Concebimos así procesos educativos bidireccionales compatibles con la necesidad de aprender a lo largo de toda la vida, y con el modelo constructivista que sostiene que es el hombre quien construye su realidad a través de sus experiencias y actuaciones. Se rescata la figura activa del alumno (Rodríguez Rojas, 2003) en la cual genera sus propias estrategias de aprendizaje y no se limita a ser un simple receptor del profesor.
Ante esta realidad que las TIC nos ofrecen, su integración en los procesos educativos implican una labor de planeación en la cual se determinen necesidades y pertinencia. Ningún proceso en la educación puede darse de manera arbitraria bajo el argumento de la libertad en la elección de objetivos de aprendizaje. El papel del profesor es ahora mucho más activo y cercano al contexto y expectativas de su estudiante.
Dado que las Tecnologías educativas, por su relativamente joven aparición, no cuentan con un respaldo teórico sólido (Alanis, 2006), debe reducirse el margen de riesgo mediante una adecuada planeación previa a su aplicación.
Una innovación es percibida por el usuario como algo nuevo, sin importar si existía en un contexto diferente o se había aplicado en otras situaciones (Alanis, 2006). Basta con que resulte novedoso para él para ser considerada como tal, y su gestión pasa por una serie de etapas, cada una de las cuales será adoptada por pioneros, innovadores tempranos, mayorías tempranas, tardías y rezagados que a su vez ofrecen valiosa retroalimentación en el proceso y requerirán de soporte adecuado en cada etapa de la implantación.
Dadas las características de nuestra sociedad, es imperativo ante las condiciones de desigualdad y crisis social y ecológica, desarrollar proyectos viables y realistas de innovación tecnológica que contribuyan al desarrollo integral de los individuos, ser instrumento de cambio positivo y no caer en el peligro de acrecentar la desigualdad o el elitismo que el acceso a los medios digitales establece de por si.
En conclusión, nuestra sociedad requiere pioneros que estén dispuestos a arriesgar ideas, recursos y corazón en el desarrollo de sus ideas de innovación tecnológica para la educación. Fuertes ante las posibilidades de la desilusión y con el coraje de intentar una y otra vez. Sobre todo en los sectores más vulnerables de nuestra sociedad, donde la escasez de recursos obliga aún más a la cuidadosa planeación de su aplicación, y donde los estudiantes están más expuestos a quedar marginados por una sociedad que no detiene su marcha. La Tecnología abre una puerta a un infinito abanico de posibilidades de intervención pedagógica dentro de una sociedad en la que el conocimiento se ha convertido en el bien más preciado, y a su vez los procesos para su adquisición se han diversificado en función de una reorientación de los procesos de enseñanza y aprendizaje que se alejan de los paradigmas convencionales donde el docente era el centro del mismo, para ceder el lugar protagónico a la persona que demanda la adquisición de conocimientos y sus necesidades y objetivos de aprendizaje. En este marco, la tecnología se convierte en recurso obligado y natural para la educación del tiempo que se abre cada día.
Referencias
Alanis, M. (2006). Gestión de la introducción de la innovación tecnológica en la educación. En V. y. Burgos Aguilar, (Comp.). Tecnología educativa y redes de aprendizaje de colaboración. Distrito Federal, México: Trillas.
Gros, B. C. (2006). La alfabetización digital y el desarrollo de competencias ciudadanas. Revista Iberoamericana de Educación (42), Consultada en http://www.rieoei.org/rie42a06.htm el 5 de febrero de 2010.
Krüger, K. (2006). El concepto de la "Sociedad del Conocimiento". Bilio 3W, Revista Bilbiográfica de Geografía y Ciencias Sociales, Universidad de Barcelona , XI. Consultado en http://www.ub.es/geocrit/b3w-683.htm el 5 de febrero de 2010.
Rodríguez Rojas, P. (2003). La andragogía y el constructivismo en la sociedad del conocimiento. Laurus , 9 (15), 80-89. Consultada en http://redalyc.uaemex.mx/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=76111335006 el 5 de febrero de 2010.
La Tecnología Educativa para la Sociedad del Conocimiento.
Publicado por
Rocio Martinez
domingo, 7 de febrero de 2010
Bienvenidos!!
Publicado por
Rocio Martinez
jueves, 4 de febrero de 2010
Hola, mi nombre es Rocío Martínez; soy Diseñadora de Comunicación Gráfica, y desde hace 12 años, docente de Artes en secundaria en Naucalpan, Estado de México. Bienvenidos todos a este espacio de intercambio de experiencias, ideas y descubrimientos que se irán revelando en esta aventura de la Maestría en el Tec!!
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